domingo, 19 de abril de 2015

LA SERPIENTE: SIMBOLOGÍA, MITOLOGÍA Y SIGNIFICACIÓN ESOTÉRICA


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Preámbulo

Este pequeño estudio  pretende ser una guía-resumen del "valor" de las serpientes a lo largo de todo el devenir histórico del género humano. No está todo sobre lo que se podría dilucidar, ni cada contenido está ampliamente desarrollado. Es destacable que, desde una visión sociológica, es una criatura paradigmáticamente dual y que, por lo demás, encontramos que mora en casi todos los ecosistemas de nuestra maltratada Madre Tierra.

Sobre su realidad física; su forma de vida, o naturaleza, no creo obligatorio hacer una explicación autónoma sobre su acontecer vital y hábitos.

 

Mitos a lo largo de la Historia

Desde sus inicios, la sierpe, ha estado indefectiblemente unida a los períodos de la naturaleza. Para que nos hagamos una idea de la importancia que ostenta, dentro de la llamada Mitología Universal, hay catalogadas, como mínimo, una treintena de Serpientes Mitológicas. El hecho de que concibiera un hoyo para poner huevos dentro de la tierra se relacionó con la idea original del "Huevo Cósmico" (el gran huevo, como representación del globo terráqueo) y la vagina de la mujer, correspondiéndose con los cultos telúricos y ligada a la idea de fecundidad femínea.

Una de las formas más antiguas la hallamos en Mesopotamia, en el Vaso de Gudea, enseña del (de la) dios(a) sumerio(a) Ningizzida (o Gizzida), dios(a) de la vegetación y de las plantas medicinales, conocido(a) también como “El (La) Señor(a) del Árbol de la Vida” que ulteriormente pasaría a ser el (la) dios(a) de la magia y de la sanación. Se le(a) encarnó a veces como una serpiente con cabeza antropomorfa, o como dos serpientes gemelas apareándose, simbolizando la unión creadora. 

Con posterioridad, en la Mitología Babilónica, Tiamat (la serpiente que duerme a la espera), personaje principal en el poema épico Enûma Elis ("Cuando en lo alto"),  es un monstruo/serpiente. Representa las aguas primordiales, la feminidad, el Caos, es la Primera Madre (por proyección: Origen de la Vida) y es la oscuridad. A lo largo de la narración, del Enûma Elis, mantiene una lucha (combate cósmico) con Marduk, dios principal del panteón babilónico; a su vez representado por la Luz y el Orden. Al final, como ya es conocido, el Orden (Marduk) vencerá al Caos (Tiamat). El origen, y constitución, del Universo se materializó.         


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En el Antiguo Egipto, la sierpe, tuvo un importante papel dual, como benigna y, a la vez, como maligna. Esta doble condición es algo que nos topamos en un destacado número de culturas, debido al beneficio, de las mismas, como depredadoras en los campos de labranza (limpiándolos de roedores y pequeñas alimañas); ligándose, así, a la pareja circunstancia de fertilidad, y como elemento de la naturaleza peligroso y, en muchos casos, mortal. Podía definirse, según las circunstancias, como una entidad protectora o como un demonio del inframundo.

El dios serpiente Apep (o Apofis, en griego) fue considerado como el Caos, las fuerzas maléficas que habitaban en el Duat (el inframundo), contrario a Maat (el Orden Cósmico). Apep era representada como una serpiente gigantesca, e indestructible, que trataba de romper el recorrido nocturno de la barca solar de Ra, para evitar que surgiera un nuevo día. Para los antiguos egipcios era irremediable que existiera el mal para que el bien fuera factible.

Durante el reinado de Ramsés II hay constancia escrita de un ritual mágico ligado a Apep. Durante las fiestas lunares y procesiones religiosas se sometía a este extraordinario réptil a diversas torturas, representando así el triunfo de Maat sobre el caos, pero nunca matándolo, pues era necesario "mantenerlo vivo" para obtener el equilibrio del Universo.

En cambio, la cobra tenía un papel diametralmente diferente: el Uraeus, encarnación de la diosa Uadyet (Señora del Cielo), representaba el ardor del sol, la flama ígnea y era una alegoría de resurrección, el poderío del desarrollo, la abundancia de la tierra y de las aguas. Los faraones eran los impares portadores del Uraeus como símbolo preservador y específico de su divinidad.


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En la India, los primitivos cultos tántricos drávidos, adoraban el Nagakkals, una estela pétrea, en la que se sustituía el lingam (falo) por dos sierpes unidas sexualmente; que simbolizaban la fertilidad. También se situaban como fetiches bajo las higueras, que era el árbol sagrado masculino. Esta imagen nos recuerda, a su vez, a los cardinales canales energéticos que recorren los chakras, por donde subiría la energía Kundalini, encarnada, justamente, por una serpiente.

En el culto Védico (precursor del Hinduismo), Vritrá es un asura (ser maligno) con forma de serpiente, o dragón, encarnación de la sequedad y contrario del dios Indra. En los textos Vedas, del mismo modo, era conocido como Aji ("sierpe").


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En la historia bíblica del Génesis, hallamos que el simbolismo de la serpiente, todo y ser nocivo y vinculado con la maldad, nos señala que, la misma, estaba plenamente asociada al "Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal". La condena por enfrentarse a los designios de Yahvé ofreciendo el fruto prohibido (que en realidad era el despertar del conocimiento para la humanidad), fue que se impulsará sobre su abdomen como algo perverso y deleznable. De esta guisa perdurará adormecida en la parte más inferior de los instintos humanos hasta que llegase el instante de despertarla para volver a ascender (una vez más) por el árbol del conocimiento del bien y del mal.


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En el periodo helenístico, del culto a la sierpe surgieron, también, dos símbolos muy significativos: El caduceo de Hermes (Mercurio), dios griego de los mercaderes y mensajero de los dioses, y la vara de Asclepio (Esculapio), dios griego de la medicina.

En ambos casos la vara podría simbolizar el báculo, pero hay diversidad de opiniones sobre si a su vez puede representar un símbolo fálico o el mismo árbol de la vida y/o de la ciencia, antes citado, sobre el cual ascienden las serpientes.

Pero independientemente del simbolismo del báculo, las serpientes en el Caduceo de Hermes representan la neutralidad; la pacificación entre los opuestos.

Hermes, como mensajero de los dioses, llevaba una insignia, una vara o kêrukeion que lo distinguía como a los mensajeros y diplomáticos. Posteriormente, en época romana, se le añadirían las dos alas.

En la Vara de Asclepio este réptil está asociado tanto a la muerte como a la medicina, por lo tanto a la salud y la vida, pero también a los ciclos de Muerte y Resurrección.

En honor de Asclepio, se utilizaba en rituales de sanación un tipo de serpiente no venenosa (las Serpientes Esculapias), que se dejaban arrastrarse libremente por la estancia donde se reponía el enfermo.

Cada vez que se erigía un nuevo templo a Asclepio también se las dejaban libres dentro del recinto.

Una imagen paralela al caduceo la encontramos en relieves cartagineses de la diosa Tanit, esposa del dios Baal, asociada a la luna y a la fertilidad, representada con una rama de olivo con dos serpientes, que a su vez podían estar simbolizando los ciclos lunares.

Antiguamente las sierpes se llegaron a domesticar para cuidar los silos de grano, antes de que en Egipto se domesticara a los gatos y se exportaran al resto de Europa.

Pero regresando al exponente griego encontramos múltiples imágenes y personajes mitológicos ligados a este ofidio. Estrechamente unido a Asclepio encontramos la figura de Ofiuco, “el portador de las serpientes”, quien desarrolló una gran habilidad en la medicina, de forma que se decía de él que podía resucitar a los muertos, motivo por el cual Hades se ofendió y pidió a Zeus que lo matara por alterar el orden natural de las cosas. Zeus así lo hizo, pero en su homenaje colocaron la constelación de Ofiuco en el cielo, eternamente rodeada por la Constelación de la Serpiente, como símbolo de la Vida renovada.

Cabe destacar la estrecha relación de este reptil con los cultos agrarios, de forma que encontramos a divinidades como Rea, Deméter y, posteriormente, Cibeles, para los romanos, representadas en carros tirados por serpientes.

Encontramos, de la misma manera, muchas imágenes en cerámica representando a Heracles (Hércules) en uno de sus doce trabajos venciendo a la Hidra de Lerna, un engendro acuático con forma de sierpe policéfala y hálito tóxico, que tenía el poder de regenerar dos cabezas por cada una que le fuera seccionada. La Hidra guardaba una de las entradas al Inframundo que se hallaba bajo las aguas.

En estos ejemplos vemos un aspecto de la serpiente más oscuro, ligada a lo que habita bajo las aguas primigenias, la muerte, el inframundo, el tránsito…

Y no podemos excusar la fabulosa imagen de la Gorgona, un monstruo femíneo cruel, e inhumano,  cuyo poder transmutaba en piedra a todo aquel que osase a mirarla, pero, a su vez, divinidad protectora en cultos pretéritos, motivo por el cual se representaba su rostro en los templos, armaduras, cráteras, etc. para atemorizar al enemigo y favorecer la protección. La Gorgona llevaba un cinturón de serpientes entrelazadas. Imagen que podemos ver cómo se repite en las diversas culturas y ritos primitivos.

En mitos postreros nacería la figura de Medusa, la única Gorgona mortal (de tres hermanas), quien tenía sierpes venenosas, en lugar de cabellos, como castigo por parte de la diosa Atenea.


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En la mitología nórdica encontramos a Jörmundgander, la Serpiente de Midgard, un monstruo gigantesco (y macho: en la mitología universal unos de los pocos seres malignos no representando la feminidad), hijo del dios Loki y la giganta Angrboda, que fue arrojado a las aguas por Odín, donde quedaría atrapado hasta el Ragnarok (el día de la destrucción total), pero la serpiente creció tanto que alcanzó a rodear todo el mundo de Midgard; llegando a morderse su propia cola, vista, igualmente, como una vara flexible gigante, como un ser poderosamente mágico. Su propio nombre etimológicamente significa “gran vara flexible”.

Podemos ver fácilmente la analogía de la serpiente con la vara, como el axis mundi (el eje del mundo), que une lo de arriba con lo de abajo, además de la estrecha relación con la imagen del Ouroboros. Y de nuevo ligada a las aguas esenciales y a todo lo que se oculta bajo ellas, como una puerta hacia el inframundo.


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En la tradición celta, encontramos que la serpiente estaba ligada a numerosos mitos y fue representada en cuantiosos monumentos megalíticos. En Irlanda encontramos, quizás, el máximo exponente en cruces (cruces de origen pre-cristiano) y monumentos, pues prácticamente se encuentra representada en todos ellos. De aquí parte una investigación sobre el antiguo culto a la serpiente, común en la mayoría de culturas como estamos viendo, pero que posteriormente sería completamente distorsionado por el cristianismo. En el caso de Irlanda, encontramos la leyenda de la erradicación de las serpientes por San Patricio, cuando, en realidad, el sentido no es que hubiera una plaga real de serpientes, sino que, hablando en sentido metafórico, es una alusión al culto pagano de adoración a la serpiente.

En la iconografía celta predominan las imágenes de espirales que, de igual manera, eluden a las serpientes. La imagen de la serpiente seguiría presente incluso dentro del cristianismo, como podemos ver por ejemplo en las varas de los sacerdotes de Cashel, donde la parte superior es una serpiente saliendo de una vagina, simbolizando una nueva vida; emulando a la vara de Moisés o Aarón.

En algunos monumentos se han encontrado imágenes de serpientes con doce marcas y orbes circundantes, mostrando una relación astronómica.

Dentro del mundo celta, la sabiduría de los Druidas fue transmitida de forma oral, pero hubo historiadores como Plinio el Viejo (23-79 d.C.), quien relató en su Historia Natural un supuesto ritual mágico con un huevo de serpiente. El huevo no era realmente de serpiente, pero el significado era el mismo, se lanzaba con silbidos y un caballero debía recogerlo antes de que tocase el suelo. Entonces el hidalgo debía huir rápidamente a caballo pues era perseguido por las serpientes, que se detendrían sólo ante el obstáculo de un río, donde el huevo flotaría. Aquí podemos ver la analogía del huevo cósmico, cubierto muchas veces con oro, como el germen principal de la Luz Universal, que se encuentra en las aguas primarias, que a su vez son el acceso a otros mundos y por este motivo las serpientes quieren preservarlo, persiguiendo al gentilhombre; visto, también, como un héroe civilizador.


En la Mitología Rusa, a través de su extenso folclore y no menos amplísimo abanico de cuentos populares, nos encontramos con una vastísima presencia de serpientes y/o dragones...


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En las culturas mesoamericanas, la Serpiente Emplumada (o Quetzalcóatl), fue una divinidad primigenia asociada inicialmente con el agua. Se remonta a los siglos XV-V a.C. y se le consideraba el dios principal a partir del cual se generarían los demás.

En el pueblo Mixteco explican que la serpiente ascendió al cielo y recibió de los dioses creadores las insignias que la identificarían dentro del panteón y después regresó a la Tierra para enseñar a los hombres las bases de la civilización.

En el templo maya o pirámide de Kukulcán, de Chichén Itzá, podemos ver una representación del descenso del Kukulcán, la Serpiente Emplumada, en los dos equinoccios del año, momento en los cuales al atardecer el sol proyecta una sombra que va dibujando el relieve de las serpientes hasta llegar a sus cabezas. Estos dos importantes días del año marcaban los ciclos de siembra y recolecta.

“Cuando el día y la noche son iguales, cuando el movimiento de traslación de la tierra entorno al sol produce un efecto de luz y sombra y suavemente comienzan a delinearse los siete triángulos de luz invertidos… desciende Kukulcán a la Tierra.”

Para los Incas la Serpiente era uno de los cuatro animales sagrados (Serpiente, Jaguar, Colibrí y Cóndor o Águila según la zona), no contemplados como un tótem personal, sino como animales tribales, los Ainy Karpais o “semillas arquetipales”, independientemente de los tótems personales que después tenga cada individuo. En este aspecto la enseñanza de la Serpiente o Sachamama es la transmutación, pues al buscar rocas afiladas para frotarse y así mudar la piel, nos muestra que el dejar atrás esa piel vieja puede resultar doloroso, pero necesario para continuar creciendo. Sachamama es la más instintiva y primaria de los cuatro animales, quien nos conecta con la Madre Tierra o Pachamama.


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Por último, en la iconografía cristiana, además de la imagen de la serpiente del Árbol del Paraíso, es frecuente la imagen de la Virgen con una serpiente bajo sus pies (aparte de la luna), simbolizando el pasaje del Génesis en el que el Señor le dice al reptil unas palabras, interpretadas posteriormente por los grandes exegetas y patriarcas de las iglesias como que sería María la única mujer capaz de pisarle la cabeza; venciendo así todo aquello maligno que ésta representaba.

"Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar (talón)"

(Génesis 3:15)

Desde la Anunciación hasta la Cruz participa de ese «aplastar la cabeza de Satanás». Y la descendencia de María, que es Cristo y el talón (mordido por la serpiente) que son los hijos espirituales de María, aplastan la cabeza de la serpiente, o sea, la raíz del pecado: el orgullo. La raíz de la batalla es el pecado. María, tiene un poder eterno sobre el mal y vence su obra exterminadora, al haber nacido sin mancha  (Inmaculada Concepción) y en virtud de la futura redención de su Hijo, no poseyó nunca pecado original ni personal. O sea, Satanás, nunca tuvo poder sobre ella, ni en sus sentidos, ni espíritu, ni obras.

 

Simbolismo Esotérico de la Serpiente

Además de todo lo expuesto ya a nivel de culto, que en función de las creencias particulares y necesidades espirituales uno puede vincular o no a su camino o procesos en los que se encuentre, en general el sentido y uso esotérico actual más generalizado es el que iremos comentando a continuación.

Seguramente habrá muchas más correspondencias de diferentes sendas ocultistas o místicas que no mencionaré.

La serpiente, al ser un animal que habita en cuevas, antiguamente se creía que era conocedora de los secretos del inframundo, pero como también podía subir a los árboles, se asociaba también a la Ascensión del Alma, de forma que podemos trabajar con ella aspectos de Muerte y Resurrección, detalle también contemplado por el hecho de que muda la piel, tal como hemos comentado en el apartado anterior, mostrándonos la necesidad de desprendernos de lo viejo, por doloroso que sea, para continuar con nuestro crecimiento. En general representa la energía pura, la fuerza. Sus características y rasgos de reptar, mudar la piel, lengua amenazante, forma ondulante, emisión de silbidos y agresividad son fácilmente asociadas a todos los cultos y mitos anteriormente descritos.

La forma ondulante la ha hecho asociarse siempre con el agua, pero su vida en el desierto nos la muestra como un ser amenazante, como una fuerza destructora.

En definitiva, las serpientes simbolizan la seducción de la fuerza por la materia (como se puede contemplar en los mitos de Adán y Eva, Jasón y Medea, Hércules y Onfale, etc.), siendo una manifestación de los resultados de la involución, lo inferior sobre lo superior; por eso representa, del mismo modo, la personificación del mal, idea que podemos ligar también a la serpiente nórdica Jörmundgander.

Al igual, la serpiente está estrechamente ligada con el principio femenino, equiparando a Eva con una diosa arcaica fenicia del mundo subterráneo, personificada por la serpiente, alegoría que algunos autores identifican con Lillith (la primera "mujer" de Adán).

En ciertas culturas llegó a considerarse el más espiritual de los animales, que al desprenderse de su piel se desprendía igualmente de la vejez, pudiendo matar y curar; siendo por este motivo un símbolo y atributo de los poderes adversarios, positivo y negativo que rigen el Universo.

Dado que la serpiente aparece y desaparece y que cambia la piel en primavera, renaciendo después del frío del invierno, de nuevo nos da la analogía de la Muerte y Resurrección, asociado también con el espíritu de los muertos. También su uso en sanación hizo que se ligara su imagen a estos mismos procesos, como hemos visto en la vara de Asclepio, símbolo de la medicina, de la regeneración, el cambio, la renovación,... etc.

Es el símbolo inmortal del origen de la totalidad, como el Ouroboros egipcio, adoptado también por los pitagóricos y con posterioridad asimilado por la naciente Alquimia egipcia de aquel tiempo.

A nivel de evolución de consciencia, la serpiente simboliza la ascensión de la misma; es sinónimo de Conocimiento y Sabiduría. Cerrada en un círculo representa un símbolo solar, fuente de Vida y poder.

Por todo ello, representa la naturaleza cíclica, e inmutable, de las cosas (o Mito del Eterno Retorno), el origen y el final que se unen y difuminan el uno en el otro, de nuevo la idea de Muerte y Resurrección. La serpiente devorándose a sí misma expresa también la unidad de las cosas, de lo material y espiritual, con una parte clara y otra oscura, como el Ying y el Yang, mostrando siempre dos aspectos: activo y pasivo, afirmativo y negativo, constructivo y destructivo,... etc. Aspectos y características que ya hemos ido viendo en todas las mitologías.

En Yoga la serpiente Kundalini es una representación de la fuerza interior, es una serpiente enrollada sobre sí misma en forma de anillo (o Kundala), en la zona sacra de la columna. A través de prácticas como el Hatha Yoga la serpiente se despliega y se alza a través de los chakras hasta llegar a la región del tercer ojo (chakra Ajna o frontal de Shiva) y en ese momento la PERSONA recupera –según la tradición hindú- el sentido de la Eternidad. A nivel simbólico podemos verla también como una asociación del ascenso de la energía, de la ascensión de la fuerza desde una región dominada por el sexo hasta la dominada por la razón. El avance de la Kundalini a través de los seis chakras es, a la vez, una analogía al ascenso por las terrazas del zigurat o por los escalones de los siete metales del ritual de Mitra.

En la Cábala hebrea, la serpiente es la guardiana de los secretos y conocimientos y por eso está enroscada en el Árbol del Bien y del Mal.

Asimismo representa la fuerza del desarrollo de la PERSONA, ya que se sitúa en la parte más baja del individuo infiriendo en la ascensión a esferas más altas del ser hacia la divinidad. Ella puede abrir la puerta de la consciencia.

Unida al Árbol de la Vida, símbolo del principio masculino, la serpiente deviene de nuevo en principio femenino. El Rebis Alquímico, alegoría de la dualidad, la perfección,... el absoluto inalcanzable. El ser primario hermafrodita; pretérito al propio Adán. Puro espíritu, sin materia, y por ende asexual.

La serpiente también nos recuerda, a nivel totémico, nuestra conexión con el mundo, que estamos interconectados, formando parte de un COSMOS donde nosotros tenemos un espacio, un destino... Hay un gran potencial para nuevos comienzos, nuevas aperturas, renacimientos, progresos... Nos habla de que no estamos tan lejos de nuestros inicios para comprender por qué tenemos que cambiar nuestro propio mundo... Simboliza la transmutación, la exploración de los misterios de la vida, la energía y los conocimientos primigenios.

La serpiente tiene la Fuerza y la Sapiencia para aprender a utilizar la energía en nuestras Vidas. El mensaje es que debemos ser responsables de nuestras Vidas y de nuestros Actos, juzgando nuestras acciones para poder aprender de ellas de una forma justa y coherente.

A nivel simbólico, u onírico, la serpiente de siete cabezas está ligada a las siete direcciones del espacio, los siete días de la semana, los siete dioses planetarios,... etc. La serpiente de tres cabezas se refiere a los tres principios: activo, pasivo y neutro.

En Alquimia la serpiente alada representa el principio volátil; sin alas es el principio fijo y la serpiente crucificada es la fijación de lo volátil y la sublimación. Igualmente contemplaron la serpiente como “lo femenino en el hombre”, o su “esencia húmeda”, identificándolo con Mercurio, el dios andrógino, o como Shiva, quien tenía la capacidad tanto para el bien como para el mal. De igual manera se asoció a las dos serpientes de los gnósticos: Agathodaemon y Kakodaemon, emblema, asimismo, de esas dos polaridades.

En la Masonería la serpiente simboliza la Verdad y aquel que la mire (entendiendo la serpiente como portadora de la Verdad y el Conocimiento) sanará del mal de la ignorancia.

Y por último, en las tradiciones Chamánicas, además de toda la simbología totémica y arquetípica, la serpiente está ligada al concepto del "vuelo", del viaje a otros mundos, pues ella, como Serpiente Cósmica, representa la creación de la vida, ligada a las estructuras de ADN, las espirales, el Axis Mundi, etc. Existen muchas imágenes Chamánicas inspiradas dentro de esos “vuelos”, favorecidos por ayuno, trance y usos de psicotrópicos, que muestran muchas imágenes helicoidales que nos dan fe de que los antiguos chamanes alcanzaron a ver cómo se forma y estructura la Vida. Muchos remedios naturales surgieron a raíz de revelaciones en estos "vuelos".

En síntesis, para este tipo de culturas, La Serpiente es considerada a su vez “madre” de la Ayahuasca (del quechua, "cuerda muerta") y "abuela" del Tabasco, dos plantas que combinadas producen las visiones Chamánicas que han permitido acceder a información contrastada posteriormente a nivel científico de las propiedades de esas plantas y otras.

En un posterior estudio hablaremos sobre su representación alquímica como Dragón y su lucha a muerte con el caballero San Jorge (O Jorge de Capadocia), conocida como la "Leyenda de San Jorge y el Dragón". Este relato es el arquetipo de los cuentos de hadas de la Edad Media.
    


Santiago Peña


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sábado, 6 de diciembre de 2014

ACERCA DEL ALMA

 

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¿Qué entendemos por Alma?


Desde cada una de las múltiples religiones, se delimita de una manera. Desde las diferentes ramas de la Filosofía, se especifica de otras formas bien distintas. Por supuesto, desde la llamada "ciencia oficial", poco -por no decir nada- al respecto.


Etimológicamente la palabra Alma, del latín ánima, significa capacidad de moverse. Por lo que se atribuía esta cualidad a todo ser vivo (animales en general) que gozara de movimiento por sí mismo (el acto puro de moverse en Libertad). Actualmente, a los vegetales, también se les atribuye esta condición por ser poseedores de Vida, a pesar de que carezcan de movilidad.
 
Como primera proposición: Las PERSONAS somos seres transcendentes con un irrefrenable deseo de escapar de nuestra “realidad” física. Tendemos hacia la ensoñación, la imaginación, la abstracción… Por lo que nos definimos como materia viva espiritual y, por consiguiente, poseedores de Alma.
 
Como segunda, y determinante: El Alma, como unidad, puede llegar a referirse a un solo individuo o pueden llegar a ser varias para poder detallar a ese mismo individuo. Por ejemplo: el Alma de los antiguos egipcios, se componía de un Ba (la esencia en su individualidad), más un Ka (la Fuerza Vital; el Espíritu); de la unión de los dos surgía el Aj (el Alma completa; Eterna). Esta última sería lo más parecido a un Alma descrita por las religiones abrahmánicas. Hay un cuarto estado (iniciático) del Alma, llamado Sekhem, que se podría calificar como el Aura, la Luz; los restos energéticos del que partió a un nivel superior. Para los occidentales lo llamaríamos el Recuerdo; la Proyección; la Fuerza de la Luz. En síntesis: la Unión Mística con la Divinidad, para acabar convirtiéndose en la propia Divinidad.
 
Mención aparte, enunciemos, y comentemos, algunas de las definiciones más reveladoras:
 

· El Alma es la Vida, en sí, de cada uno de los entes, sea animal, planta o PERSONA. También conocida como Fuerza Vital.

· El Alma es el componente sutil, o etéreo, de cualquier ser vivo.

· El Alma es preexistente y antecede al Ser.

· El Alma, en referencia a la PERSONA, es el puro Conocimiento; encarna a la Verdad Última, llamada Gnosis (Conocimiento del Mundo, o Entendimiento Verdadero). Y es la Única Verdad.

· El Alma de la PERSONA es semejante al “Alma” del Universo y contiene lo que el Universo contiene, "como una gota de agua impactando en la inmensidad del mar".

· El Alma es la esencia pura del Ser; es inicio y fin; pedestal primigenio de la existencia; es Origen Cósmico de la Humanidad y es la máxima representación de la Individualidad.

· El Alma es una aspiración hacia la Infinitud; sin posibilidad de abarcar lo absoluto. Y es el Ser en permanente unión con el Cosmos.

· El Alma es Inspiración, es la fuerza que nos impulsa hacia niveles de conciencia superior y es lo que nos transciende hacia la Plenitud.

· El Alma es fuerza creadora y, por lo tanto, es Creación.

· El Alma es Esencia Divina; es el Cosmos y es la Luz.

· El Alma es el acto de Ser; es prueba de existencia; es el Ser por sí mismo; es la esencia única inmutable; es conciencia de nuestra presencia en el Universo; es memoria vital, renacida de un evento acaecido en su singularidad impar y, en consecuencia, constituye la prístina esencia de nuestro Ser.

· El Alma es el hilo conductor que nos mantiene, permanentemente, hermanados al resto de nuestros congéneres y al Todo, llamado Cosmos.

· El Alma es el Recuerdo, y prueba eterna, de la pretérita presencia de una planta, animal o PERSONA.

· El Alma es la Nada y el Todo en la PERSONA; Nada es y en Todo la integra.

· El Alma es la alarma que nos avisa que la Vida "huye", inexorablemente, de nuestras existencias.

· El Alma es inspiradora de Ideas.

· El Alma no tiene dueño; ella es "Señora" de nuestra presencia.

· El Alma es el Sol de nuestra existencia.

· El Alma es la música que, todos, llevamos dentro.
 
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¿Desde una perspectiva (pseudo)científica qué concebimos como Alma?


Elemento espiritual (con peso, pero sin forma) que se es posible captar. A partir de aquí, ¿qué hay de cierto acerca de los 21 gramos que pierde, supuestamente, el cuerpo de una PERSONA en el momento de su última espiración? En la pregunta, posiblemente, hallemos la respuesta.

 

A partir de una visión humanística ¿qué entendemos por Alma? 


El Alma, encarna la Verdad; por principio no puede mentir. Es Luz; no hay penumbras, ni falsas verdades. Es la parte más íntegra, Pura y Esotérica de la PERSONA; es la máxima expresión de nuestra Humanidad.

Por todo ello, el Alma, es: "el conjunto de emociones, sentimientos, instintos, pensamientos, decisiones libres y, sobre todo, la capacidad de poder ser autoconscientes". Es decir: la potencia de poder ser autoconciencia en el infinito espacio-tiempo.
 
En definitiva: la Vida Plena se adquiere el día en que el Alma se separa, para siempre, de nuestro envoltorio físico. A pesar de este gran impedimento, podemos llegar a aproximarnos a llevar una Vida Integra, Virtuosa, de comportamiento Ético y Coherente.
 
La meta final: La Perfección de la PERSONA...Lo físico (el Límite) deja paso a la Eternidad del Ser (el Infinito)...El Alma, repito una vez más, nos brinda la capacidad de poder ser Divinidad, por ser parte de la misma.
 
De todo esto se infiere que necesitamos sentirnos PERSONAS y expandirnos hacia los demás, si no... ¿Qué sentido tiene nuestra existencia? Sin embargo -¡insisto!- la Plenitud de la Vida se alcanza al final de la misma.
 
La etapa de la nueva PERSONA (Evolucionada) es transcender a sí misma, exteriorizando todo lo verdaderamente humano de nuestro interior más intrínseco (y más auténtico) en pos de metas superiores: La Universalización del Conocimiento y la conquista definitiva del Bien Común.


Justicia,
Paz,
Libertad,
Verdad. 


Santiago Peña

 

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domingo, 2 de noviembre de 2014

SOBRE EL MUNDO


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Acerca del Cosmos


El Todo incluye cualquiera de los estados posibles. El caos, por su principio generador, debe (o debería) tender hacia Cosmos.

El Cosmos Todo lo define, y Todo lo acoge, porque Todo es Cosmos

No obstante, en la naturaleza, se vive en el caos y, a la vez, se vive en Armonía (Cosmos). Por lo tanto, caos y Cosmos, se complementan y "conviven" a un mismo tiempo.

La Imperfección del Mundo nos muestra la Belleza del Cosmos

Solo existe un Cosmos. Esto no es óbice para que, dentro del mismo, se puedan hallar infinitos submundos (o universos inclusivos y, a su vez, paralelos). Las dimensiones formarán parte de los mencionados subuniversos. Es probable que “nuestro universo” forme parte de un subuniverso y que, simultáneamente, éste sea uno más de los miles de millones dentro del Gran Universo, único, inmanente y transcendente. Por lo tanto, nada puede existir fuera de ÉL:

  • La Metafísica, lo llamará Ser, o Consciencia Cósmica.
  • Según el Hinduismo, en su vertiente vedanta-advaita, lo enunciará como Brahman: el increado, lo absoluto, lo grande, conciencia, “eso”, la no-dualidad de las cosas, expansión en un Todo único; también se le menciona como la suma de todo lo existente, de “lo que fue, lo que es y lo que será”… -¿Os es familiar esta última expresión?- Esta doctrina filosófica-religiosa sitúa este universo, en el que transitamos, como uno de los infinitos Atmans (respiraciones) de esta innombrable Divinidad. Y el Big Bang (“origen de nuestro universo”), como uno de los incontables “despertares” de la misma.

Por supuesto que existen una infinita variedad de teorías científicas, escuelas filosóficas y doctrinas religiosas, que explican, a su buen entender, parecidas respuestas. Pero, todas ellas, quedan, más o menos, reflejadas en las dos anteriores.
           

Acerca de la PERSONA

¿Qué somos? Somos mundo, somos la alteración, somos el Ser, somos el no-Ser, somos el desequilibrio, somos el caos y somos la razón.

Somos la magia de nuestra existencia. Somos conquista de la evolución y somos nuestra perdición.
El Cosmos está en cada uno de nosotros porque formamos parte de él: La suma de microcosmos (la PERSONA), más el resto del conjunto (naturaleza, planetas, galaxias, polvo estelar, agujeros negros,…etc.) es Cosmos.

La humanidad es el gran éxito de la naturaleza y su gran decepción

Haciendo camino...

¿Qué es Verdad?

¿La humanidad la hicieron, otros, o, se hizo a si misma?… No encuentro respuesta… La Verdad es la no Verdad. Mucho escrito pero, bastante, incierto.

La Intuición, como herramienta fundamental de búsqueda, y obtención, de la Verdad.

¿Qué me dice esta primigenia, y, sobre todo, “femenina” herramienta? Algo que no poseo o, si la tengo, no la dispongo suficientemente “entrenada” y por ende con una capacidad limitada de poder ser utilizada con garantía de éxito. Mi pensamiento lógico y, sobre todo, “masculino”, obstaculiza posibles respuestas o caminos.

Siempre dudo, incluso de mi propia existencia. Por este motivo, en la duda, se aloja la Verdad.

¿Qué es Realidad?

¿Desde la visión de quién o de qué?... Hay una única realidad, que no es la tuya, la mía, ni la de nadie y en el que espacio y tiempo pierden su significado; es la síntesis de la totalidad, única e inmanente.

Todo ser pensante arrastra una limitación propia de su dimensionalidad (tiempo y espacio). Me explico: somos muy malos observadores para poder captar, medianamente, la llamada “realidad”, porque tendríamos que estar fuera de este universo espacio-temporal. Al formar, parte del mismo, estamos alterando, permanente, lo que queremos captar. Por este esencial motivo, “nuestra realidad”, es “falsa y aparente”. Por supuesto que existe una verdadera Realidad pero se encuentra fuera de nuestros límites espaciales y, evidentemente, temporales.

Únicamente la Especulación (Imaginación) y la Intuición podrán, más o menos, resolver esta descorazonadora situación. Como ya dije en su momento:

“Seamos magos de nuestra Existencia; seamos Eternidad”


 Santiago Peña


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sábado, 11 de octubre de 2014

SOBRE LA FILOSOFÍA PERENNE


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Nuestro pensamiento ve todo lo que no ven nuestros ojos


Antes de buscar, hagámonos las siguientes preguntas para, así, poder encontrar una posible respuesta:

¿Qué es religión? ¿Qué es mitología? ¿Qué es simbología? ¿Qué es filosofía? ¿Qué es ciencia? ¿Qué es metafísica? Y ¿Qué es cosmología?

Todas tienen la misma contestación: Hallar un potencial sentido a nuestras existencias. Diferentes caminos para un mismo resultado. Y, sobre todo (fruto de nuestra individualidad), hay tantos caminos como PERSONAS en el Universo.

La mente humana se rige por un número limitado de conceptos (o cuestiones irresolubles) que son una constante en nuestro acontecer histórico: Eternidad, Dios, Vida, Muerte, Soledad, Vacío, Tiempo, Espacio, Cosmos, Alma… (Hay muchas más pero, creo que, éstas son las más significativas).

«Lo esencial es captar el verdadero sentido y convertirse uno mismo en el verdadero sentido»

Yalal ad-Din Muhammad Rumi


Solo desde un estado de plenitud podremos llegar a vislumbrar (remotamente) una posible Realidad, para nada fenomenológica pero sí trascendente. La visión del mundo deberá estar fuera de los límites del género humano.

La Realidad no existe. Somos (re)creadores de mundos aparentes y falsos.

El conocimiento acerca de la Filosofía Perenne alude a la existencia de un total vínculo de Verdades y Valores (Eternos) comunes a todas las civilizaciones, culturas y pueblos. La expresión fue usada, primeramente en el decurso de siglo XVI, por el filólogo, anticuario, bibliotecario apostólico en la sede pontificia, obispo  de Kissamos (Creta) y filósofo italiano Agostino Steuco (Gubbio, 1497 – Venecia, 1548), en su libro titulado: “De perenni philosophia libri X” (1540-1542), en el que la Filosofía Escolástica (la imperante de aquel momento) era contemplada como la cúspide de la sapiencia de la cristiandad y en la que la totalidad de las restante corrientes filosóficas se asentaban, de uno u otro modo, en torno a la misma.

Con posterioridad, este mismo pensamiento, fue asumido, de forma entusiasta, por el matemático y filósofo alemán Gottfried Leibniz (Leipzig, 1 de julio de 1646 - Hannover, 14 de noviembre de 1716), quien la empleó para investir la Filosofía común, y perpetua, que se esconde en todos los cultos religiosos, y fijada, invariablemente, en su propias corrientes místicas. Esta misma expresión fue divulgada, a lo largo del pasado siglo, por el novelista y ensayista británico Aldous Huxley (26 de julio de 1894, Godalming, Surrey, Inglaterra – 22 de noviembre de 1963, Los Ángeles, California, Estados Unidos) en su libro homónimo: “La Filosofía Perenne” (publicado en 1945).

 

Acerca del término Tradición

La coexistencia de un estado inicial (representado por un contexto intelectualmente distinto, de aquel, al de los periodos siguientes) en la que la PERSONA se encontraba en correspondencia consciente con la Inteligencia Cósmica y con su Principio, y el sistema (destello mental de la fase de estabilidad y de Conocimiento) que caracterizaba esta época desaparecida, son el argumento de esta transmisión, al mismo tiempo del conjunto de leyes externas reservadas en conservar el entorno y a la humanidad en Armonía con las Leyes del Cosmos, de las que no son sino una individualización y una aplicación de las ciencias “especiales”; también, ellas, aplicaciones  de un equilibrio circunstancial de la escuela estrictamente Metafísica.

De igual forma, la preexistencia de esta, ya mencionada Filosofía Perenne, es el fundamento primigenio de la tradición (lo que se transmite), sintetizado en las obras de los pensadores del siglo XX, como el matemático, masón, metafísico, y esoterista francés René Guénon (15 de noviembre, Blois, 1886 - 7 de enero, El Cairo, 1951), el también metafísico, pintor y poeta, Frithjof Schuon (18 de junio de 1907 – 5 de mayo de 1998), al igual  que el erudito en Arte Oriental y escritor indio Ananda Coomaraswamy (Colombo, 22 de agosto de 1877 – Massachusetts, 9 de septiembre de 1947).


Antecedentes históricos

El Judaísmo (como primera-mater religión), el Cristianismo (consecuencia de la ruptura con la anterior) y el Islam (compartiendo lugar y tiempo con sus predecesoras), constituyen los fustes de los que han venido en llamarse los tres grandes cultos monoteístas. Las estrictas fidelidades de aquel período, de igual manera las variantes protestantes como la católica, se contrapusieron a la Gnosis (Conocimiento del Mundo, o Entendimiento Verdadero). Es decir, todos ellos combatieron a la causa primera de donde brota la Sapiencia del mensaje cristiano, un Saber que Jesucristo transfirió a su seguidor amado, cuando, en la última Cena, éste se reclinó sobre su pecho. Fue en aquél instante cuando, según la Tradición, recibió el don del cielo o el Conocimiento de la Salvación.


Principios esenciales

El vocablo “Philosophia Perennis” fue otorgado, como ya hemos mencionado con anterioridad, por Leibniz a un fundamento que va más allá de la sistematización y del discurso racionalista. Lo cual no es obstáculo como para que no alcancemos en señalar tres perceptibles conjeturas a las que encomendarnos:

1)  Sería, en primer lugar, la Metafísica que nos revela el manto de lo ficticio; señala la Divinidad en la Vida, en el Pensamiento y lo que se haya, verdaderamente, detrás de la apariencia material.

2)  Asimismo sería la psicología que nos redime del Alma y de nuestra cada vez más recóndita Esencia Divina.


3)  Y en conclusión, igualmente en el acto, aquella Ética que someta toda obligación a una sola, la interpretativa y conocimiento espiritual de toda sustancia y más allá de los límites del Ser.

“contenidos y prácticas trasmitidos durante siglos que mantienen abierta una vía de acceso a la verdad absoluta del hombre y la relación de este con Dios y la creación. Esta Tradición es única para toda la humanidad (Traditio perennis), y se manifiesta de forma superficialmente distinta en los diferentes pueblos y religiones, variando según el contexto, pero manteniendo siempre intacta la parte interior o esotérica que es inalterable e incomunicable (pues precisa de la propia experiencia o iniciación). La cadena se rompe con la época moderna, en la que se pierde (se esconde) la Tradición verdadera y solo persisten sucedáneos (a vistas de los no iniciados) que no remiten a ninguna realidad trascendente, pues se trata sólo de manifestaciones físicas reproducibles, y no de realidades interiores que se externalizan a través de múltiples formas, ajustándose a los límites establecidos por la misma tradición”.
René Guénon


Por lo tanto, y en consonancia con los basamentos de la Filosofía Perenne, todos los pueblos (invariablemente) de otros saberes y periodos han cursado, e inscrito, apreciaciones similares sobre la constitución de la Realidad, el Yo, la Naturaleza y el sentido, y designio, de la Existencia. Estas semejanzas se dirigen hacia unos profundos principios ecuménicos; instituyéndose en el diario pedestal de un gran número de religiones. Las desigualdades entre estas apreciaciones cardinales manan de las divergencias entre los diferentes conjuntos de Conocimientos humanos y se pueden llegar a razonar al albor de estas mismas supeditaciones culturales.


Omne quod est idem
 (Todo es lo mismo)


Entre estas apreciaciones se hallan las subsecuentes aseveraciones:

  • La PERSONA irradia la esencia de esta Realidad dual: por un lado, el cuerpo material, se encuentra subyugado a las leyes físicas del nacimiento y la muerte, el otro semblante de la existencia humana no se halla subordinado al crepúsculo o al quebranto, y es análogo a la inteligencia o al espíritu, que es el núcleo del Alma humana. En el actual occidente, esta segunda faceta, o Realidad, ha sido, repetidamente, pasada por alto o ignorada.
  • Todas las PERSONAS poseemos unas capacidades innatas, que sin embargo no son usadas y por tanto están claramente anquilosadas, para la apreciación instintiva de la estructura de la Realidad y de la Verdad Última. Este Conocimiento es el fin postrero de la humanidad, y su actuación y progreso son el sin igual plan de sus existencias. Los grandes cultos religiosos aspiran a instaurar (o restaurar) el sagrado vínculo entre el Alma y esta ulterior y más alta Realidad. Dicha Realidad, en las religiones Abrahmánicas  (Judaísmo, Cristianismo e Islamismo), es llamada Dios; Dios es el principio y fin de todo lo existente. En los cultos no-teístas, semejantes como Budismo, Jainismo y Taoísmo, lo último, o lo absoluto, está determinado de una forma algo distinta.
  • El Universo corpóreo, o de los fenómenos, no es la sublime Realidad; existe una desigual Realidad no-corpórea. El mundo de la burda materia es la sombra de una Realidad excelsa que no consigue ser alcanzada por lo sensitivo, pero el espíritu y el entendimiento humano proporcionan la prueba de ello en su más recóndita naturaleza. 


El hecho Místico, como vía directa de unión con el Cosmos

Lo Místico como lo más puro, profundo, oculto, íntimo y esotérico del Ser y fase última de perfección a través de una unión directa entre la PERSONA y el Cosmos. Estos discernimientos sistémicos se especulan que son lícitos, o íntegros, gracias a su firmeza y a las claras analogías entre ellos, empero de sus frecuentemente principios aparentemente aislados.

De acuerdo con Aldous Huxley, la Filosofía Perenne “es la metafísica que reconoce una Realidad divina sustancial al mundo material, a la vida y a las mentes; la psicología que encuentra en el alma algo similar, o incluso idéntico, a esa Realidad divina; la Ética que sitúa el objetivo final del hombre en el conocimiento de la Base inmanente y transcendente de todos los seres; lo que es inmemorial y universal. Los rudimentos de la Filosofía Perenne se pueden encontrar entre la tradición popular de pueblos primitivos en todas las regiones del mundo, y en sus formas completamente desarrolladas que han tenido su eco en cada una de las grandes religiones” ("La Filosofía Perenne", p. vii).

¿No es justo exponer a continuación de esto que hay, como así enunció Leibniz, una especie de Filosofía Eterna, “perennis quoedam philosophia”, que instituye el nexo necesario de la ciencia y de la religión y, en definitiva, su innegable unicidad?

"Particula in minima micat integer orbis" (“en la partícula más pequeña se encuentra el reflejo del universo entero”).
Gottfried Leibniz


Fruto concluyente que, dado el signo reduccionista y absolutista de la modernidad, estas “rivalidades” no fueron concebidas (o asimiladas) como una complementariedad -como así coexistían (y coexisten) para la comunidad tradicional- sino que se arrogó su perfecta irreconciliabilidad y por tanto la incondicional hegemonía de uno de los cabos sobre el otro. Es esta irreconciliabilidad entre los opuestos la que ha conformado el perfil exclusivo (y excluyente) de la modernidad, dirigiéndola inevitablemente, a los ideales de competitividad, control y superioridad, ideales en que, como ya hemos dicho anteriormente, lo diferente encarna un peligro, una amenaza, que debe ser implacablemente anulada.


Corolario

Nos repetimos, nos repetimos y, una vez más, nos repetimos. Seguimos sin saber nada… o muy poco de la PERSONA, de todo lo que representamos, y del COSMOS, en general.

Es preciso retornar a nuestras fuentes más primordiales. Mito y Logos son dos formas de ver el mundo (para nuestra cultura occidental) que, desde hace más de 2.500 años, se contraponen.

Parte del Conocimiento Universal -y, por qué no, de la Sabiduría- se halla disperso en múltiples rincones del mundo y, sobre todo, del Universo: verdadero receptáculo de todo lo que ha sido, es y será.

Conforme nos miremos, más, hacia nuestro interior, más nos encontraremos; conforme recuperemos las primeras enseñanzas, más cerca nos hallaremos del Verdadero Conocimiento; de la genuina Sabiduría en todo su esplendor.

Entonces, ¿qué somos? El resumen completo del Universo.

Conocemos el agua porque somos agua, conocemos el fuego porque somos fuego, conocemos el aire porque somos aire y conocemos la tierra porque somos tierra. Por lo que todo el conocimiento del mundo está en nosotros…

Seguir creyendo en nosotros... y aceptar y aceptar. El final creemos saberlo… Y el principio también…

Somos elementos tántricos esencialmente musicales. No hay nada más puro, dentro de la comunicación transcendente, que un Poema de Luz:

Simple Vibración,
Música Eterna,
Circular, perfecta,
Sublime, excelsa.

Despertad,
Despertad,
Luz imperecedera,
Alma Divina,
Alma Eterna.


Santiago Peña



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domingo, 28 de septiembre de 2014

PARMÉNIDES Y HERÁCLITO, O COMO EL SER (ESTÁTICO) INSERTADO EN UN TODO DINÁMICO, CÍCLICO Y PERPETUO


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El llamado tiempo únicamente existe dentro del Universo “creado”. En el presente el tiempo no tiene ningún sentido, porque siempre estamos en él. Lo que piense, diga y/o haga, siempre será el presente. Solo existe el aquí y ahora. En el pasado habremos dejado de existir y en el futuro no habremos empezado a estar. Por consiguiente: nada existe fuera del presente.

La inmortalidad es una constante en el género humano y clave de nuestra evolución: progresamos porque negamos nuestra mortalidad y por ende nos proyectamos hacia la Eternidad.

El Ser, solamente, puede manifestarse por sí mismo. Nada hay fuera del Ser. Por lo que no hay otro conocimiento que el conocimiento del Ser. Pero, a la vez, toda Alma en movimiento se halla dentro del Ser. Porque Alma (ánima) es movimiento; un fluir. La forma propia de la Vida es el movimiento. Si no hubiese movimiento el proceso de la Vida sería insostenible. En tanto en cuanto, la Vida es fruto del movimiento, la Vida es Eterna como Eterno es el movimiento.

Desde la destrucción (“transformación”) brota una nueva forma a partir de la anterior. Por lo tanto: “Nada desaparece; todo se transforma”.

Negando nuestra propia desaparición nos aferramos a la Vida, es decir: a una “permanente” existencia. Creamos a través de la prolongación “artificial” de nuestro Ser. Siempre en movimiento, eternamente en una “desesperada” lucha final.


Santiago Peña


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