domingo, 1 de enero de 2023

ACERCA DEL CAOS EN LA MITOLOGÍA EGIPCIA

 

*    *    *

 

El caos, desde un conjunto heterogéneo de visiones, podríamos definirlo como aquello que es impredecible, amorfo, en desorden, incierto, confuso o, la incapacidad de la PERSONA de dominar el medio en el que transita.  

Dentro del abigarrado universo de la mitología universal, nos vamos a centrar en una de las mitologías más significativas, complejas y apasionantes que nos ha legado el mundo antiguo, como es la egipcia: En todas las narraciones cosmogónicas, el caos es aquello que se halla antes que el resto de los dioses y fuerzas esenciales, es decir: es la fase inicial del cosmos infinito. El término procede del griego antiguo Χάοs, ‘espacio que se abre’ o ‘hendidura’.

En el comienzo del mundo, según antiguos autores relatan, toda la naturaleza no era sino una masa informe, llamada caos. Los elementos yacían en confusión: el sol no esparcía su luz, la tierra y el espacio era todo uno, y el mar carecía de riberas. El frio y el calor; la sequía y la humedad; los cuerpos pesados y los cuerpos ligeros se confundían y chocaban continuamente, hasta que el dios Shu, para poner fin a tan prolongada lucha, separó el cielo de la tierra, la tierra de las aguas y el aire más puro del aire más denso. Una voluntad omnipotente plasmó el globo, formó las fuentes, los estanques… surgió la vida.

En síntesis, bajo el perfil de una divinidad cosmogónica semejante se esconde el concepto filosófico de: “iniciación primordial única”, o caos. En todas las cosmogonías, de otras culturas o civilizaciones, es una constante el origen del cosmos (orden), como antítesis del caos. Como ejemplo, sigamos con la misma mitología egipcia:

 

  • Nun, «mar primario» (caos) y elemento común en las diversas cosmogonías del Egipto Antiguo. No existe porque es un concepto; “es lo no existente”.

 

  • Atum, dios autocreado "el que existe por sí mismo", surgió del "caos" (Nun) creándose a sí mismo (por razón de la masturbación, secreción, humores, sudoración u otros procedimientos). Mediante su cognición y por asimilación es Ra (en Heliópolis se le llamaba Atum-Ra), padre de los demás dioses. De él nacieron: Shu (el aire) y Tefnut (la humedad).

 

  • Shu, “rayos de Luz” (vacío o aire), es una divinidad cósmica y, por consiguiente, creadora; responsable del hálito de vida. Personifica la atmósfera, encarnando el principio vital del cosmos. Su misión principal es mantener separados a sus hijos, Geb (la tierra) y Nut (el cielo), como forma de evitar que vuelva a resurgir el caos.

 

  • Tefnut (la Humedad), Diosa que personifica la humedad, simboliza al rocío, que tonifica, y a los cursos orgánicos que causan humedad. Incorporada a las deidades guerreras, al ojo solar, de Ra, y a la serpiente real Uraeus (representación de la diosa Uadyet).

 

 

Mat, como representación del orden

La diosa Maat (hija del dios Sol, Ra), como símbolo de la verdad, la justicia y la armonía cósmica. Es, esencialmente, un concepto abstracto de justicia universal y, sobre todo, de equilibrio cósmico u orden; que prevalecen en el mundo desde su inicio (cósmico) y que, por encima de cualquier vicisitud, es preciso salvaguardar. Por este trascendental motivo es considerada suprema guardiana del orden universal y, por ende, la representación antitética del caos; es por ello protectora del mundo conocido y de su principal representante, aquí en la tierra, el faraón.

 

Apofis, como el resurgimiento cíclico del caos

La serpiente Apofis encarna, en la mitología egipcia, a las potencias malignas que moran la Duat; siendo la materialización del caos, así como de la insurrección de los males que habitan en el mundo (tanto cósmico, como social). Cada noche, Ra (el dios Sol y padre de todos los dioses), junto con Maat; una vez más, derrotan a Apofis para volver, los dos, a resurgir al alba. Manteniéndose, inquebrantablemente, el ciclo de la victoria del orden cósmico (Maat) sobre el caos (Apofis). Es pertinente destacar que, desde el comienzo de la civilización egipcia, en ningún momento se contempló que el desorden (el mal o caos) fuese totalmente aniquilado, sino solamente constreñido. Por tal razón, para los antiguos egipcios, era inevitable que coexistiese la idea del mal para que el bien fuese viable: el día (el Dios sol Ra, auxiliado por Maat) da paso, imperturbablemente, a la noche (Apofis, junto con el dios Seth, hijo de Ra) y, una vez superado el enfrentamiento, vuelve a resurgir la luz (del día) y, con ella, el orden. Y así hasta el fin de los tiempos.

 

¿Estaremos, en estos momentos, enclaustrados en la “Era de Apofis”?

 

Santiago Peña

 

*    *    *

domingo, 18 de diciembre de 2022

EN EL ORIGEN (DE TODA LA EXISTENCIA) SE HALLA LA VERDAD ABSOLUTA

 

*    *    *

 

No hay término, no hay conclusión; todo es comienzo; todo es final y en la unidad se halla la verdad. La verdad única, revelada y cardinal. La esencia de todas las verdades es solo una; el resto son falsos reflejos de la unicidad. La verdad, como luz pura, sin velos; como la confirmación del saber perfecto y eterno. Las sombras, como chispas, y rescoldos de una verdad que existirá y que existió. En consecuencia, la verdad, es el eterno presente y es la luz infinita, completa y sin igual.

Como ejemplo tenemos (en el universo) la imagen de dos “unidades”: es el mundo binario que “existe”, en una realidad aparente, fruto del desdoblamiento de la unidad: caballo y yegua, masculino y femenino, arriba y abajo, positivo y negativo, día y noche…

Por lo que, solo el uno es la verdad; el todo es la verdad; la belleza es la excelsa representación de la luz; la totalidad de la existencia en la unidad; las múltiples partes son el resultado de la descomposición… Y de la descomposición surge la belleza reconstituida de la incondicional verdad, una y perfecta.

 

No hay nada más bello que la misma verdad

 

Y así como reza el título: “en el origen (de toda la existencia) se halla la verdad absoluta”, se puede finalizar:

 

 En el final (de toda la existencia) se halla la absoluta verdad

 

 

Santiago Peña

 

 

*    *    *

 

domingo, 10 de abril de 2022

ACERCA DEL ESCARABAJO, COMO REPRESENTACIÓN DEL SOL NACIENTE

  

*       *       *

 

Introducción

 

Los Escarabajos Peloteros (del desierto egipcio) han sido a lo largo de milenios la más ferviente imagen de la constante transformación de la existencia y, a su vez, han simbolizado al universal Sol Naciente. Cada día, infatigablemente, la Vida resurge a través de la Fuerza que desprenden los sempiternos rayos solares.

 

El escarabajo, como representación de Jepri

Khepri (o Jepri), el dios Sol, creado así mismo, alegoría de la vida imperecedera, era el concepto, en la mitología egipcia, de la invariable mutación de la vida. Su apelativo hace referencia a "El que llega a ser (por sí solo)". Fue simbolizado como un escarabajo impulsando el disco solar a través de la bóveda celeste. De la misma manera como personaje con testa de escarabajo que, ocasionalmente, acarreaba un cetro Uas y un Anj.

No obstante, no tenía la exclusividad como dios Sol: Jnum era el dios del crepúsculo, autor de un huevo del que germina la Luz Solar, Atum era el dios Sol creado por sí mismo, Jepri era el dios solar del oriente o del alba y Ra el dios Sol en todo su esplendor.

Jepri (o, también, llamado Jeperu) se transfiguraba en sí mismo cada amanecer, resurgiendo como Nuevo Sol; por esa razón fue asociado con Atum. Como emblema de la Vida Sempiterna, era el Sol de las primeras horas del día; una revelación del dios Ra.

Por todo ello, reproduce el primer instante de los avatares que perciben los seres vivos, desde que brotan hasta que se extinguen, inclusive de su resurrección si culminaban las experiencias en la Duat (el Más Allá). Igualmente simbolizaban la creación legendaria de la Tierra y de la especie humana.

Aunque no disponían de lugares de culto propios, se emplazaban escarabajos gigantes pétreos en algunos templos significativos, como es en el caso de Karnak, donde existía una cripta oculta que representaba a la Duat (el inframundo). En un rito hermético, la efigie de Amón-Ra bajaría a esta misma cripta de donde subiría trasfigurada en Jeperu, "quien emerge de la tierra".


El Escarabeo, como Talismán Solar

El Escarabeo, utilizado en las liturgias funerarias, fue uno de los talismanes más notorios del Antiguo Egipto.

Los Escarabeos (amuletos en forma de escarabajo) fueron labrados en múltiples materiales: esteatita, basalto, granito, y en piedras preciosas como lapislázuli, amatista, cornalina, e inclusive en metales nobles como el oro. Las excavaciones arqueológicas en Egipto han exhumado representaciones de escarabeos en hueso, marfil, piedra, fayenza egipcia y metales preciosos, datados desde la sexta dinastía hasta el período ptolemaico. Son, habitualmente, de pequeñas dimensiones y están perforados para poder posibilitar su engarce en un abalorio.

A día de hoy, el Escarabeo, sigue siendo una manufactura de carácter multitudinario en parte al hechizo y atracción moderna hacia el arte y las creencias del Antiguo Egipto. Escarabajos en piedras semipreciosas o en loza esmaltada se pueden adquirir en un gran número de comercios y, entretanto, en el santuario de Karnak ha tenido que ser cubierto un antiguo gran escarabajo, representación de Jepri, para disuadir a los turistas de la perniciosa costumbre fetichista de restregar la base de la efigie para, de esta forma, “obtener suerte”.


Culto funerario

El Escarabajo tenía un considerable valor en los ritos fúnebres egipcios. Habitualmente era labrado, en un canto verdoso, y ubicado en el tórax de los extintos, para preservar el corazón y suplirle en el transcurso del embalsamamiento. La finalidad del "escarabajo del corazón" era cerciorarse de que el corazón no testificaría frente al finado en el Juicio de los Difuntos.

Posiblemente el caso más reputado (Dinastía XVIII) de tales "escarabajos del corazón" es el espectacular ejemplar de color cetrino, hallado entre las vituallas del enterramiento del Rey-Niño Tuthankamón (Neb-Jeperu-Ra, “Señor de las transformaciones es Ra”); trabajado en una hermosa gema cristalina del arenal libio.

 

Significado Metafísico

Una cierta variedad de escarabajos peloteros, mayoritariamente el Scarabaeus sacer, dispusieron de una condición divina entre los antiguos egipcios.

Como ya se ha mencionado ampliamente, el escarabajo, fue equiparado a Jepri, el autocreado, el Dios asociado al Sol Naciente. De antiguo se creía que el escarabajo era, exclusivamente, de naturaleza masculina y que se multiplicaba confinando su esperma en una pelota de estiércol de buey. La atribuida “autoreproducción” del escarabajo lo asimila a Jeperu, que se creó por sí mismo “de la nada”. De otra parte, la bola de estiércol rodada por el escarabajo pelotero recuerda al Sol “en su carrera cíclica por el horizonte”. El historiador, y moralista, griego, Plutarco de Queronea (50 – 120 dc), lo describe de esta manera:

“La raza de escarabajos no tiene ninguna hembra, pero todos los machos expulsan su secreción en una pelotilla redonda de material que ruedan empujándola por el lado opuesto, igual que el sol parece regresar a los cielos en la dirección opuesta a su propio curso, que es de oeste a este”.

Los egipcios creyeron que Jepri “rejuvenecía” el Sol diariamente tras su desvanecimiento en el horizonte; transportándole, a través del mundo de las profundidades, al Duat, con posterioridad al crepúsculo para, así, rejuvenecerlo, nuevamente, al siguiente día. Ciertas sepulturas regias del Imperio Nuevo lucen una imagen tríplice del Dios del Sol, con el escarabajo como efigie del Sol del Alba.


Síntesis

Diariamente, tenazmente, la Vida renace a través de la Fuerza que emanan los imperecederos rayos solares de Nuestro Padre y Señor de todas las cosas. Y los Escarabajos han sido, durante milenios, la más fiel representación de la constante transformación de la existencia, encarnada en el omnipresente Sol Naciente. Cada día, sin descanso, hasta el final de nuestras ínfimas vidas.

 

Santiago Peña


*       *       *

 

domingo, 31 de octubre de 2021

EL CISNE COMO SÍMBOLO DE PUREZA ESPIRITUAL

 

*      *      *

 

Introducción

 

El Símbolo del Cisne, es ecuménico y ha sido calificado desde la más primordial antigüedad como un altísimo distintivo de Majestad Espiritual; vinculándolo con los Arcanos Sagrados en un variado número de pueblos y creencias religiosas. En numerosas Culturas y Tradiciones (hinduista, celta, griega etc.,…), la imagen del Cisne, ha personificado la Beldad, la Elegancia y la Virginidad.
 

 

El Cisne a lo largo de diferentes Pueblos y Culturas

 

Desde una visión Hinduista

 

En su forma emblemática es, incondionalmente, de color blanco, si bien no se constituye una distinción especial entre el Cisne, propiamente dicho, y otras voladoras análogas, como podría ser, su pariente más cercano, el ganso.

 

Sus lazos con lo divino son diáfanos. Surge vinculado a Sarasvatî, la deidad femenina de la Sabiduría; es, indistintamente, la representación zoomórfica del Dios Brahmâ, el hacedor de la triada hindú. Y es, igualmente, la divisa de la libertad alcanzada gracias a una Simpar Espiritualidad. Por expansión con Brahmâ, se les otorga el epíteto de «cisne» a aquellos que se han redimido del curso de las reencarnaciones. Así mismo, de los santones, se cuenta que han adquirido el grado de paramahâmsa («Cisne Supremo»).

 

El Cisne posee una señal marcadamente dualista. Nada en el agua pero no está sujeto a ella, sino que puede surcar el cielo y, además, el líquido elemento no le cala. Es como la naturaleza divina, que, si bien figurada y moradora en la persona, se mantiene de manera plena, autónoma e indiferente al transcurrir de la vida particular. Precisamente, el vocablo sánscrito hamsagâta («movimiento del cisne»), se refiere a la emancipación final del alma.

 

El mismo emblema del Cisne permite simbolizar el Sol, o Alma, de una PERSONA. Del mismo modo, es un significativo signo en las creencias Hinduistas Advaitas: puede navegar, separando las aguas, sin bañar su plumaje y es, por tanto, distintivo de la PERSONA iluminada; que no es impresionable por hechos, u objetos, acaecidos en la tierra; ostentando la capacidad de distinguir entre barbarie y comprensión.

 

  

Cultura Celta

El Cisne asume una tarea muy notoria en la sociedad celta. Es el intermediario entre las deidades y las PERSONAS; manifestándose, con ellos, en esa travesía del Más Allá. De Igual manera ayuda, junto a los dioses, a guiar el mundo en todos los distintos estados de la Luna y al cambio de estaciones.

Para los celtas, es la integridad de las vírgenes y es el reverdecer primaveral. En el primer equinoccio del año (mediados de marzo) se celebra que el apolíneo contrapeso entre la noche y el día se quiebre para hacer sitio a la gloria de la Luz.

 
 

Mitología Griega

 
El Dios supremo Zeus, “Padre de todos los dioses”, se transforma, a la hora de perpetuarse, en un variado ramillete de animales y manifestaciones de todo tipo. Uno de los más conocidos, y divulgados en el arte, es en referencia al Cisne, plasmado en el mito de “Leda y el Cisne”: en un encuentro aparentemente casual Leda es poseída por Zeus, el cual se halla trasfigurado en un “inocente”, hermoso, luminoso y libidinoso Cisne Blanco.
 
Así mismo, es un ave glorificada a Apolo, como dios de las artes musicales, porque se creía (en aquel tiempo) que, poco antes de fenecer, emitía sonidos melodiosos. El propio Pitágoras de Samos relató que: “esta ave se asemejaba a un alma que jamás muere y que su canto antes de morir viene de la alegría que experimenta porque va a ser liberada de su cuerpo mortal”. Platón, como ferviente seguidor del de Samos, era de la misma opinión. 
 
Fruto de todo ello se dice que, está en unión permanente con las divinidades del olimpo, con la Beldad y con la Eternidad, pues el canto es el arte de la armonía musical a la que anhela todo ser vivo y que, él, oficia, precisamente, cuando va al encuentro del Supremo Hacedor. 
 
 

Conclusión

Debido a la divina proyección totémica del Cisne, y al revelar nuestra propia divinidad, abrimos espacios para lograr inéditos estados de conciencia y el propio crecimiento de destrezas intuitivas. En el mundo onírico, el Cisne Blanco, es la alegoría de pulcritud y catarsis de trayectorias vitales propias. De esta manera, la efigie del Cisne, provee distinción, gentileza, fraternidad y belleza a quien lo porta. Concede purificación y saneamiento espiritual; convirtiendo, así, nuestra transición vital. Del mismo modo, el Cisne Emblema, es excelente para aquellos que aspiran a crecer espiritualmente. Desde una perspectiva netamente alquímica encarna al Ser Andrógino Perfecto: el Sol (de la Masculinidad) y la Luna (de la Feminidad).

En síntesis: esta bellísima ave, de una gran capacidad para la creación y, por ende, para la regeneración, es símbolo excelso, y sin parangón, de Pureza Espiritual.

 

Santiago Peña

 

 

*      *      *